miércoles, 22 de noviembre de 2017

16 museos donde ver fósiles de dinosaurios en España

El portal web La Espiga Digital, incluye una noticia sobre museos de dinosaurios en España.

Emprendemos un viaje, para nosotros, habitual por nuestra geografía, pero muy inusual en el tiempo. Vamos a retroceder unos 150 millones de años para pasear por las tierras que un día se convertirían en lo que hoy es Cuenca, Teruel, Soria, La Rioja, Burgos y Asturias principalmente.

En esta ruta, nos encontraremos con gigantes animales que poblaron las boscosas costas de la Macizo Hespérico; porque, para entender por qué la inmensa mayoría de los restos fósiles se encuentran concentrados en las provincias anteriormente citadas, hay que conocer la geografía de este país hace 150 millones de años, entre el periodo jurásico y el periodo cretácico.

La Ruta de los Dinosaurios españoles. Museos y yacimientos donde verlos.
Antes de comenzar el viaje, deseamos apuntar que hemos decidido no listar varias instituciones como el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, el Museo de Ciencias Naturales de Valencia o el Museo Paleontológico de Elche, entre otros; que aunque son estupendos, recomendables y muy prestigiosos, hemos preferido centrarnos en aquellos lugares donde realmente se descubrieron los fósiles.

Así pues, comenzamos. Abrochaos los cinturones y, si queréis volver a casa de una pieza, ¡ni se os ocurra sacar los brazos por las ventanillas!

Museo Paleontológico de Salas de los Infantes (Salas de los Infantes, Burgos)

No dejamos todavía las sierras de la ibérica, para trasladarnos hasta la burgalesa Sierra de la Demanda. El museo Paleontológico de Salas de Los Infantes fue inaugurado en 2001 y cuenta con numerosas maquetas y réplicas de dinosaurios, rigurosamente reproducidas bajo la supervisión de los paleontólogos que trabajan en los cuatro yacimientos de los alrededores.
El centro cuenta con reconocido prestigio en el ámbito académico y en él se organizan diferentes eventos científicos y jornadas internacionales sobre el tema que nos ocupa. Las labores didácticas y divulgativas están muy presentes, como así refleja la calidad y la claridad de los contenidos que se exponen en su museo.

Para ver el resto de museos: noticiasturismorural

Ganadores del IX Concurso de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2017

Estos son los ganadores del IX Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2017 que organiza la Fundación Dinosaurios CyL y el Museo de Dinosaurios de Salas delos Infantes y en la que de nuevo vuelve a colaborar la empresa salense Hernáiz Construcciones.

El Jurado estuvo formado por Fidel Torcida, director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, Diego Montero, miembro del equipo científico del Museo de Dinosaurios, Davide Bonadonna, paleoilustrador y escultor, Carlos Papolio, paleoilustrador y Angélica Torices, paleontóloga de la Universidad de La Rioja.

PRIMER PREMIO:
Allosaurus fragilis pack vs Barosaurus lentus - Morrison Formation. Autor: Franco Tempesta (Italia).




SEGUNDO PREMIO:
Confuciusornis. Autor: Mohamad Haghani (Irán).



TERCER PREMIO:
Wet forest Aptian Liaoning. Autor: Sergey Krasovskiy (Ucrania).



miércoles, 15 de noviembre de 2017

UBU, Cenieh, MEH y Museo de los Dinosaurios participan en la IV Semana de la Ciencia

Arqueología, geología, dinosaurios, microscopios, educación financiera o la bioquímica de los alimentos, contenidos de las actividades a celebrar en Burgos.

Burgos cuenta con diferentes centros y entidades donde la ciencia es su método de trabajo. Mostrarlo a la sociedad es el objetivo de la IV Semana de la Ciencia de Castilla y León que se celebra en Burgos desde hoy y hasta el próximo viernes. En este objetivo se embarcan la Universidad de Burgos, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, Cenieh, el Museo de la Evolución, MEH, y el Museo de los Dinosaurios.

Las actividades arrancan hoy con una jornada sobre la Investigación e Innovación responsable que organiza de 9.30 a 11.30 la Unidad de Cultura Científica de la UBU en colaboración con la Obra Social La Caixa en el salón de actos de la Facultad de Económicas. La entidad financiera también colabora en las actividades que llevará a cabo esta semana el Cenieh. La Semana de la Ciencia arranca en la institución científica con el I Open Lab sobre Iniciación a l Geocronología que se llevará a cabo de 16 a 18 horas con una explicación teórica para alumnos de Secundaria en el salón de actos. En el vecino Museo de la Evolución llevarán a cabo el taller Zoom vinculado a la exposición sobre microscopía que tienen en el centro. El taller se llevará a cabo de 18 a 19.45 horas.

La Fundación Museo de los Dinosaurios llevarán las actividades científicas al medio rural. En el CRA La Demanda de Huerta del Rey desarrollarán talleres sobre arqueología y paleontología el miércoles. Será la fecha en la que el I Open Lab del Cenieh llevará a los alumnos de secundaria al laboratorio pero también el Museo de la Evolución programa el taller Lo que el ojo no ve y el análisis por parte del profesor de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia y creador del blog Scientia, José Manuel López Nicolás, analizará si '¿Sabemos lo que comemos? Además el Cenieh entregará los premios del concurso Dibuja un científico o una científica, organizado en la Noche Europea de los Investigadores, en septiembre. La UBU se adentrará en la educación financiera para jóvenes Edufinet así como desgranará los secretos de la nanotecnología. El Cenieh, además de abrir sus puertas al público, también programa, en colaboración con el paleneurólogo, Emiliano Bruner, la jornada 'Sinfonía de una mente: música, antropología y cerebro'.

Vía El Correo de Burgos.

martes, 14 de noviembre de 2017

Hallan en la Antártida árboles más antiguos que los dinosaurios

·              Hace 260 millones de años, el continente helado era más cálido y húmedo que ahora.
·              Los restos de un bosque hallado en una expedición muestran que tenía una vegetación                exuberante.
No quedan muchos sitios en la Tierra que no hayan sido explorados aún por el hombre. Pero la Antártida conserva todavía zonas vírgenes que siguen dando sorpresas como la que se llevaron Erik Gulbranson y sus colegas. Estos geólogos de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, en EEUU, aprovecharon el pasado verano en el continente helado -de noviembre de 2016 a enero de 2017- para ascender al Promontorio McIntyre, en las Montañas Transantárticas. Allí se encontraron con los restos de árboles que florecieron hace 260 millones de años, es decir, son anteriores incluso a los dinosaurios.

En concreto, hallaron fragmentos de 13 ejemplares que, según Gulbranson, formaban parte de un bosque que debió ser bastante distinto a los que existen en la actualidad en otras zonas del planeta. Durante el periodo Pérmico, que acabó hace 251 millones de años con una gran extinción que se llevó por delante al 90% de las especies, los bosques estaban formados por diferentes tipos de plantas y árboles. "Lo más sorprendente de nuestra investigación es que el patrón de vegetación, es decir, los tipos de plantas que crecían juntas, variaban a lo largo del continente. También cambiaba la densidad de los bosques", explica Gulbranson a este diario.


La expedición estaba compuesta por cuatro geólogos y un montañero. "Acampamos en el glaciar Shackleton y exploramos las montañas de los alrededores en avión", recuerda. La principal razón por la que acabaron yendo al Promontorio McIntyre fue porque los otros lugares que habían seleccionado "resultaban inaccesibles debido a los vientos extremadamente fuertes, a veces de 40 nudos (74 kilómetros por hora) y a las malas condiciones para aterrizar". Según el geólogo, los 13 árboles pertenecen al mismo género, pero podrían ser de varias especies. "Estos árboles tenían que ser capaces de sobrevivir y florecer en una gran variedad de condiciones", dice Gulbranson. Y es que, aunque durante ese periodo la Antártida "era más húmeda y cálida que ahora", habrían tenido que soportar la oscuridad total durante los cuatro meses del invierno y la luz perpetua durante otros cuatro o cinco meses. "Probablemente, la Antártida se parecía entonces a la actual Siberia y a la taiga (el bosque boreal) del hemisferio norte. Grandes sistemas fluviales cruzarían el continente y sabemos que también allí había grandes lagos", recrea. "Es probable que hubiera nieve durante el invierno austral pero que se derritiera durante el verano", señala el paleoecólogo, que en enero regresará a la Antártida para investigar cómo y por qué cambió el clima, causando esa gran extinción.

Vía El Mundo.

Conferencia: "Ayer y hoy de la meteorología"

Se adelanta una hora la conferencia del sábado 18 de noviembre en el teatro-auditorio "Gran casino" de Salas de los Infantes, pasa a ser a las 19 horas.

sábado, 11 de noviembre de 2017

La importancia de la caca (con perdón) de los dinosaurios

Artículo de opinión en El Correo de Burgos del director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.


LOS CIENTÍFICOS que estudian los fósiles, los paleontólogos, pueden tener como objeto de estudio algo tan atractivo como los dinosaurios o los homínidos (mis favoritos), u otros
que quizás no levanten pasiones. Hay una valiente investigadora que se ha atrevido a estudiar coprolitos, literalmente «excrementos de piedra»: la Dra. Karen Chin (Universidad de Colorado).
Se la puede considerar como la mayor especialista en estos fósiles tan sui géneris, que recientemente publicaba un estudio en el que exponía que dinosaurios herbívoros completaban su dieta con insectos que vivían en la madera podrida de los árboles. Un coprolito aporta mucha información sobre la dieta del animal, el ambiente vegetal que le rodeaba, etc...
O su composición química, que sorprendentemente ayuda a retratar a los dinosaurios como unos ecologistas esforzados en la mejora del ambiente. Intentaré explicarme...

Cada vez hay más datos que aportan los científicos sobre un cambio climático global en la Tierra. Aunque estos cambios se han repetido a lo largo de la larga historia del planeta,
la peculiaridad de la situación actual es que se trata de una modificación rápida y provocada por un ser vivo bien identificado: la especie humana. Y es la consecuencia de nuestra capacidad de alterar el entorno para adaptarlo a nuestras necesidades e intereses; es una actuación consciente, aunque irresponsable. Pero también sabemos que otros seres vivos
modifican el medio para estar más cómodos en él, en este caso de forma inconsciente, intuitiva o una simple conducta marcada en sus genes.

La capacidad que tiene una especie para influir o modificar en su provecho las condiciones del lugar en el que viven depende de varios factores, y la intensidad de su alteración es diferente.
Un ejemplo relativamente modesto es el que ofrecen termitas que edifican sus nidos en forma de «termiteros catedrales». Estas construcciones pueden alcanzar una altura de 10 metros -a escala humana, sería equivalente a un edificio de 1 km. de altura- y tener un volumen total de 1.000 m3: ¡como 30 camiones cisterna! Estos edificios son, además, un ejemplo asombroso de termorregulación, pues permiten mantener en su interior una temperatura constante a pesar de que en el exterior el termómetro registre variaciones de hasta 40 º C entre el día y la noche.

Otro ejemplo, en este caso realmente espectacular, es la Gran Barrera de Coral de Australia, una agrupación de más de 2.900 arrecifes extendidos de forma casi continua a lo largo de 2.600 km. de longitud. La Gran Barrera forma un relieve que crece desde el fondo marino y constituye la casa y el refugio de una gran biodiversidad: hasta un 25% de toda la vida marina se desarrolla en los arrecifes. También actúa como un muro frente a corrientes y oleaje, protegiendo al lecho marino y las costas y favoreciendo el desarrollo de la vida en su entorno. Los corales tienen un valor ecológico añadido, al producir un enorme volumen de oxígeno, fundamental para mantener la vida en el planeta; eso es posible porque albergan en su interior algas microscópicas que realizan la fotosíntesis.
Corales y algas establecen una relación de simbiosis, intercambiando «favores»: protección, nutrientes, gases respiratorios y vivienda.

Precisamente la aparición de la fotosíntesis fue uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la vida en la Tierra. El proceso fotosintético cambió la composición de gases en la atmósfera, enriqueciéndola en oxígeno molecular... ¡un auténtico veneno para los seres vivos entonces existentes, hace 3.000 millones de años! A la larga fue un cambio muy positivo: posteriormente la evolución «inventó» un proceso químico llamado respiración celular en el que, consumiendo ese oxígeno y azúcares, las células obtenían una gran cantidad de energía para sus funciones vitales. Para científicos como la bióloga Lynn Margulis, ese extraordinario
evento, protagonizado por bacterias, es un ejemplo perfecto de cómo la vida varía las condiciones del planeta para ajustarlas a sus necesidades. Margulis y otros biólogos dieron un paso más allá en sus argumentos, y propusieron la hipótesis Gaia, que defiende la hipótesis de que nuestro planeta, con todo lo que contiene, funciona como un ser vivo único. 

Margulis fue una científica fascinante y brillante, tanto como su marido, el cosmólogo Carl Sagan. Ella puso el acento en el papel de los microbios: podemos recordar el papel de las algas de los arrecifes, o nombrar a las bacterias que viven en nuestro intestino, que forman parte casi inseparable de nosotros mismos. Es más, según la teoría endosimbiótica que desarrolló Margulis, tanto los cloroplastos que realizan la fotosíntesis en las plantas como las mitocondrias que llevan a cabo
la respiración en la mayor parte de los seres vivos, fueron originalmente bacterias. Esto significa que cuando usted haga ejercicio físico, deberá pensar que eso es posible porque sus músculos producen energía gracias a sus mitocondrias, antiguas bacterias que firmaron un tratado de colaboración con las células tatarabuelas de las que estamos hechos. La pasión de esta bióloga por los microbios fue incondicional: llegó a plantear que la verdadera función de los mamíferos -como usted y como yo- quizás sea la de alojar en su interior varios kilos de bacterias. A pesar de todo lo dicho, no hay constancia de que sus ideas hicieran que esta mujer perdiera amistades (humanas, se entiende)....

Lo cierto es que hay seres vivos de mayor tamaño que los ubicuos microbios y que también aportan su granito de arena para mejorar su medio. Recientemente investigadores de la Universidad del Norte de Arizona afirmaban que los dinosaurios incrementaron la fertilidad de distintas zonas del planeta. Para ello cedían al suelo elementos imprescindibles para que éste fuera productivo, entre ellos, el fósforo. ¿Cómo lo hacían?: con sus excrementos, ricos en este elemento. Y no era solo porque produjeran grandes cantidades de estiércol, sino fundamentalmente porque eran capaces de desplazarse a lo largo de grandes distancias, recorriendo diferentes ecosistemas en los que dejaban su maloliente regalo. Esto beneficiaría a los propios dinosaurios, sobre todo a los herbívoros o vegetarianos, pues el incremento de la fertilidad del suelo hacía posible que se mantuviera una vegetación abundante y necesaria para la supervivencia de esos insaciables comedores. Es decir, estamos ante otra muestra de cómo los seres vivos interaccionan con el planeta, al que modifican en su propio beneficio.

A mí este último estudio me hace recordar algunas escenas de la saga de películas ‘Parque Jurásico’, en la que los protagonistas humanos encontraban montones de excrementos de dinosaurios en los que tenían que meter las manos para buscar diversas cosas, como un teléfono móvil. No dejaba de ser otro error de los guionistas: los dinosaurios no producían esas montañas de caca (con perdón), aunque las heces de uno solo de ellos alcanzaran varios kilogramos de peso. No sé si la próxima vez que me anime a ver esa película me dé por pensar que, a su manera -un poco sucia, eso es cierto- los dinosaurios también se apuntaron a una consigna que parece seguir la vida desde su aparición en la Tierra: «piensa y actúa globalmente».
Debería servir de ejemplo a la especie humana, ¿no creen?


Fidel Torcida Fernández-Baldor es biólogo y Doctor en paleontología

jueves, 9 de noviembre de 2017

La evolución de los dinosaurios, eje de una picante controversia científica

Un equipo internacional en el que participan tres destacados paleontólogos argentinos rebatió un nuevo modelo que se había presentado en marzo; la refutación y la defensa de los autores del trabajo original acaban de publicarse en Nature.

Las páginas de Nature, sin duda una de las publicaciones más preciadas por la comunidad científica internacional, traen esta semana contenido de alto voltaje para los paleontólogos que es a la vez un buen ejemplo de cómo funciona el pensamiento crítico.

En marzo, tres investigadores de la Universidad de Cambridge, liderados por Matthew Baron, después de revisar miles de rasgos de ejemplares fósiles tempranos, habían propuesto que se modificara la tradicional clasificación de los dinosaurios vigente durante los últimos 150 años.
El esquema tradicional agrupa a los dinosaurios en Ornithischia (dinosaurios con cadera de ave, como los herbívoros Stegosaurus y Triceratops) y Saurischia (con cadera de lagarto). Dentro de este último grupo se encuentran los Theropoda (carnívoros como el Tyrannosaurus y el Carnotaurus) y Sauropodomorpha (herbívoros de cuello largo como el Diplodocus y el Argentinosaurus).
Pero en su nueva hipótesis, ellos planteaban que los Ornithischia estaban más emparentados con los Theropoda, y formaban un grupo llamado Ornithoscelida. Y que los Sauropodomorpha quedaban insertos en una línea evolutiva separada.

Como es lógico, la hipótesis revolucionó el avispero de la comunidad paleontológica y muchos la recibieron con escepticismo. Entre ellos, el brasileño Max Langer, que sin dilación convocó a un grupo de nueve figuras destacadas para revisarla. Entre ellos, a tres argentinos: Fernando Novas y Martín Ezcurra, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, y Diego Pol, del Museo Egidio Feruglio, protagonistas de varios de los hallazgos sobre los que se basó el equipo británico para proponer su nueva clasificación.

"Era un trabajo importante que pateaba el tablero y reordenaba las piezas del ajedrez de otra manera. Sin embargo, cuando observamos la matriz de caracteres analizada, por ejemplo, los iliones de la cadera, observamos que algunos estaban interpretados erróneamente", explica Novas.
Después de chequear minuciosamente la codificación que había realizado el equipo de la Universidad de Cambridge, el "seleccionado" de paleontólogos de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, España y Alemania encontró numerosos problemas y llegó a la conclusión de que la nueva clasificación no tiene evidencia suficientemente sólida que la respalde. Otro de los principales puntos de disidencia es que proponía que los dinosaurios se habían originado en el hemisferio Norte, algo que la refutación descarta.

"Lo que se hace hoy es traducir las observaciones anatómicas a números, y luego analizar la matriz numérica con programas computacionales -cuenta Ezcurra-. Nosotros, en particular Diego y yo, analizamos la metodología del trabajo original de los británicos y junto con el resto de los autores revisamos cada una de sus afirmaciones. Estudiamos el pasaje a las codificaciones numéricas y encontramos gran cantidad de errores en la codificación."

Los autores británicos se habían basado en gran parte en los caracteres que habían propuesto precisamente los nueve integrantes del grupo convocado por Langer, pero solo habían visto personalmente el 45% de las especies analizadas. "Para disminuir la posibilidad de cometer errores, es indispensable la observación directa sobre el fósil -destaca Ezcurra-. Nosotros entre todos tuvimos la oportunidad de ver más del 95%."
El resultado de este monumental trabajo acaba de publicarse en Nature, junto con la defensa que ejercen los autores del primer estudio.
"Nuestras observaciones soportan el modelo tradicional de parentesco -agrega Ezcurra-. En particular, en lo que hace al origen de los dinosaurios, que según los paleontólogos británicos se habría dado en el hemisferio Norte. A nosotros nos da que se dio en el hemisferio Sur, y probablemente en esta parte de América. De allí, la relevancia de los fósiles hallados en la Argentina, Chile y Brasil."

Para comprender la complejidad de este estudio, baste con mencionar que Ezcurra, Pol y Novas debieron distinguir caracteres heredados de los surgidos independientemente por convergencia evolutiva. Analizaron más de 80 especies distribuidas en todos los continentes actuales, lo que involucró el pasaje de más de 35.000 datos anatómicos a números.
Los fósiles de dinosaurios más antiguos que se conocen fueron hallados en Ischigualasto, en el Valle de la Luna, en Brasil, en Zimbabwe y en la India. Sugestivamente, hace 231 millones de años, el tiempo en el que se cree que se originaron los grandes reptiles, estos lugares estaban en el mismo cinturón latitudinal. Según el modelo vigente, varios millones de años más tarde los dinosaurios empezaron a dispersarse hacia el hemisferio Norte.
"Trabajar con estas grandes bases de datos sobre cientos de especies y características anatómicas fue muy interesante -subraya Pol-. Requiere un conocimiento profundo y detallado. Tanto, que es difícil que una sola persona pueda hacerlo en forma suficientemente exhaustiva. Hoy por hoy, las preguntas más interesantes de la evolución exigen analizar gigantescas matrices de datos. Nos está llevando a migrar a este tipo de proyectos que involucran a varios autores de diferentes países. En este caso, entre todos teníamos un conocimiento profundo de los dinosaurios tempranos, lo que nos permitió evaluar en detalle cada una de las observaciones. Es un debate saludable, que nos lleva a replantear el grado de evidencia que tenemos para respaldar una u otra hipótesis. Pero estos análisis en los que hay que chequear tal cantidad de datos hay que tomarlos con cierta precaución."

Y concluye Ezcurra: "Intentamos ser lo más objetivos posible, y presentar nuestros argumentos manteniendo la cordialidad científica".